|
Galería de Mariana Tapia...
|
.
Akí abajo no se escucha cuando aúllan los lobos. Akí abajo la piel es como un alma acariciada constantemente por olas invisibles. Hay azul por todos lados. Una inmensidad tan profunda como la mirada de los dioses. Es un abismo ke brilla con su propia luz, es un despeñadero para el deseo ke se pierde entre los arrecifes sumergidos, las estrellas oscuras, los animales submarinos de la tristeza. Akí abajo todo es azul. Akí no hay más ke una prisión infinita...
.
|
.
Huir, huir del mar. Saltar todas las cercas. Salir de ese infinito ataúd de agua y cabalgar sobre el deseo blanco de los unicornios, los pegasos, los sueños y las hormonas desperdiciadas. Hay una voz ke llama desde el arco iris, una voz de dulce melancolía ke puede guiar hacia la muerte o hacia el cristal de un castillo: las nubes del mar son así, las olas del cielo siempre engañan. Pero la visión de algo más allá, de algo mejor ke la libertad, algo ke libere por fin la desnudez del alma...
.
|
.
Kizás sea la música la pregunta a todas las respuestas. Un piano blanco como caballo enlokecido, suena entre sus manos, tibias manos ke acarician con fuerza la primera sangre de esas notas. Estampida de sonidos y el sol se abre en púrpura para mostrar nuevos caminos de viento ké recorrer...
.
|
.
Las regiones del aire. Las regiones del frío ke están en el lado oscuro del púrpura profundo, ¿dónde conducen? Hay un boske. Y el corazón de esa floresta, perdido en la penumbra, oculta la nueva mirada de ese ser ke no ha sabido morir: el unicornio blanco ke canta con una voz de plata. Irresistible la tentación de tocar ese abismo, de sentir en la mirada esa otra mirada ke sólo habla de leyendas ya olvidadas: “seamos nosotros una leyenda también”, cree ella ke el unicornio dice...
.
|
.
“Pero yo no kiero ser inmortal”, dice ella, y el tiempo ke sólo a veces es infinito, se contrae, se empekeñece ante los enigmas de su deseo: el unicornio se ha convertido tan sólo, por ese instante, en una mariposa de luz o en un diamante astado con alas y recuerdos imborrables de la muerte...
.
|
.
Si el arco iris fuera de todos los colores, no diría otra cosa ke arco-iris. Pero akí sólo saltan el sol, el mar y el cielo. Y la montaña es como la respuesta ke jamás fue pedida. ¿Es necesario recibir una sabiduría inesperada? No hay acontecimiento sin sorpresa, pero el deseo no puede reducirse a ese estupor repentino. El deseo es movimiento ke se keda, es el mundo ke se abre como la boca de una doncella en vértigo de abismo...
.
|
.
“Antes de mirar los ojos del unicornio, todavía era yo misma”, piensa ella, pero no echa de menos el mar. En realidad ya lo ha olvidado. No hay ya más ideas sobre las olas, sólo la huella de sus caricias escondida entre las costuras de su alma. “Antes de ke yo mirase al unicornio, él era aún un ser inmortal y no conocía los deleites del miedo”, piensa mientras ambos cabalgan de nuevo entre profundidades púrpuras y se pierden para encontrar de nuevo los claros del mundo...
.
|
|